Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Este sufrimiento que tuvo que padecer Jesucristo por todo su pueblo, el mismo dolor que paso el pueblo de Israel y Judá por no entender a su Dios que lo saco con su brazo poderoso de Egipto. Isa 53: 5.
Herido fue por las rebeliones de Israel.
Por sus pecados fue destruida su carne, y todo el castigo de la paz que no
tenían con Dios, porque se había airado contra su pueblo, fue sobre Jesucristo.
Y todo lo que no sanaba la llaga enferma por no obedecerle, lo sana Jesús en su
cuerpo. Todo el dolor sufrido en todos estos años lo llevo Jesucristo. Y él nos
curó el cuerpo, el alma y el corazón. Jesús curo el cuerpo enfermo por causa de
la desobediencia. Al librarnos de la muerte eterna.
Ahora podemos entender todo su
sufrimiento. No era un Mesías sufrido el que esperaban, el Mesías glorioso. El
que trajera paz y felicidad. Que paz y felicidad si tu pecado era una llaga
podrida. ¡Oh, Pueblo de Israel! ¡Si quería que mi gloria se manifieste en
ti! ¡Y fuiste un desecho de la gloria
del Dios Altísimo! La humanidad meneo su cabeza. ¡Era ese mi propósito que
sufrieran!, ¡o que sufriera mi hijo!, ¡eso fue lo que tu escogiste!
Mi propósito no era el sufrimiento, fue
el que escogió mi pueblo por desecharme; por eso me desecharon a mí; por eso
los deseche a todos ellos; ¡y sólo es mi pueblo! todo aquel que cree en mi
Hijo. De igual manera con su publicidad del ¡pueblo escogido! han menospreciado
a mi pueblo ¡que si creen en mí! y lo tienen como indigno y los matan por creer
en mí.
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